Mostrando entradas con la etiqueta esperanza. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta esperanza. Mostrar todas las entradas

miércoles, 18 de marzo de 2020

Tiempos oscuros, tiempos de esperanza

Mucho ha ocurrido desde mi última publicación en este blog. Me he prometido en varias ocasiones escribir con más asiduidad, sin embargo aquí estoy, casi un año después del último post. Y ha hecho falta una cuarentena forzada para que me siente delante del teclado otra vez. Trato de ordenar mis ideas, de reconocer mis pensamientos. 

Vivimos anestesiados, ésa es la primera conclusión que me golpea. Anestesiados por la tecnología, por los medios de comunicación, por los programas mentales que sin ninguna maldad nuestros padres instauraron en nuestros jóvenes cerebros. Vivimos deprisa, ansiando lo próximo que vendrá, deseando el próximo evento, e ignorando lo que nos ocurre ahora mismo. Así duele menos. Duele menos, pero nos perdemos la vida. Conectados de manera perpetua, desconectados de nuestro entorno inmediato. Y yo mientras sólo quiero escuchar el canto de los pájaros.


Cuánto tiempo hace que no te miras al espejo. No por las mañanas antes de salir a tu rutina diaria. Mirarte de verdad, atravesando la mera imagen proyectada, atravesando la piel y los huesos, alcanzando tu esencia. Quién eres, quiénes somos como sociedad. Hace tiempo perdí la esperanza en el ser humano como especie. Sociedades individualistas como la nuestra se caracterizan por un egoísmo extremo, en el que sólo me preocupa el prójimo si puede perjudicarme o puede reportarme algún beneficio. Sólo me muevo si me afecta directamente. Y el resultado lo tenemos estos días. Hay quien opina que cuando salgamos de esta crisis global habremos aprendido una lección muy valiosa, que nos hará mejorar en muchos aspectos. Yo creo que dicha lección, si es que llega a aprenderse, será olvidada con los primeros conflictos, los primeros vientos de abundancia, o simplemente por pura inercia, acomodándonos fácilmente a nuestra rutina, nuestra anestesia, la rueda que siempre gira implacable, de la que no es fácil bajarse.


Tiempos oscuros sí, pero que no se me malinterprete. Son también tiempos de esperanza, pues para valorar ciertas cosas es necesario perderlas, o por lo menos verlas amenazadas. La libertad, la abundancia, el sosiego no podrían paladearse igual sin confinamiento, escasez o ansiedad previos. Mucho se va a perder, no me cabe duda, pero el sol volverá a brillar. Nos levantaremos y recobraremos el aliento. 

No puedes imponer tu voluntad en forma de expectativas sobre las demás personas. Decepción es lo único que hallarás tarde o temprano si lo intentas. Mejor que eso simplemente deja que la vida fluya, deja que los sucesos acaezcan libres, y degusta el placer de observarlos. Por eso yo decido permanecer despierto. Despierto de ese sueño, ese espejismo de banalidad. Despierto cada segundo, pues podría ser el último. 


Mucho ha ocurrido desde la última vez que volqué mis pensamientos sobre esta parcela que decido compartir con el mundo. Cambios vitales, personales, profesionales, existenciales. ¿Sigo sin embargo siendo el mismo? Acumulo conocimiento y aprendizajes, pero conservo muchos de mis defectos. Pese a todo sigue fascinándome cada vez que venzo el miedo y me asomo a lo más profundo de mi ser. Sigue emocionándome la vida, y sigo deseando crecer y mejorar día a día. Una temporada sin salir de casa parece una buena ocasión para visitar con mayor frecuencia esta parcela.

Mucho ánimo a tod@s. Nos vemos después de la pandemia.

martes, 28 de mayo de 2019

Pérdida, cambio y transformación

A veces nos aferramos y apegamos al pasado, nos empeñamos en negar el cambio. La zona de confort puede resultar aburrida, pero también muy cómoda, e incluso adictiva. Las antiguas rutinas, esa monotonía previsible, esa inercia que encaminaba tus pasos, dándote una falsa percepción de control. Pero he aquí un secreto, las crisis, las rupturas, los cambios son necesarios, son constructivos (pese a que parezca lo contrario a veces), y suponen una oportunidad para resetear. Para reiniciar tu vida, dejar atrás aquello que no te aporta o te perjudica, e instaurar nuevos hábitos y costumbres más alineadas con tus valores, con tu esencia, con aquel o aquella en quien te estás convirtiendo. Por eso debemos aprender a soltar, a dejar ir, a aceptar aquello que no podemos controlar. Aunque duela, porque duele, es inevitable, pero para que sane ha de doler, para cicatrizar las heridas es preciso que duelan. 



Aceptar no es bajar los brazos con resignación, con desesperanza. Aceptar es ser conscientes de que hay sucesos en nuestras vidas que no podemos cambiar, que no dependen directamente de nosotros. Pero aceptar es también tomar una actitud activa y positiva. Es quedarse con lo bueno de lo que ocurre, y plantearse nuevos retos, mirar al futuro con esperanza. El pasado ya no tiene importancia, pese a que nuestra mente se empeña a veces en reproducir hechos del pasado, distorsionarlos, buscar mil escenarios alternativos en los que las cosas terminan de un modo diferente. El futuro está por venir, cada cosa a su tiempo, aunque nuestra mente se empeña a veces en pintarlo de negro azabache, anticiparlo, perder la ilusión y pensar que ya no queda nada. El presente es la clave, el aquí y el ahora, suena a tópico en estos tiempos saturados de gurús de la felicidad, pero no tenemos momento más valioso que éste preciso instante. Cierra los ojos y respira profundamente, estás vivo, viva, sientes, cada célula de tu maravilloso cuerpo vibra en armonía. 



No tengas miedo a cambiar, a transformarte, a adaptarte como el agua entre las rocas. 
No tengas miedo a crecer, a ser libre, a caminar hacia donde tu esencia te señale. 
No tengas miedo a vivir, porque la vida es todo lo que cuenta, lo que hagas con ella depende sólo de ti. Tú decides cómo quieres vivir. 



En una sociedad que se empeña en “buscar la felicidad”, esa insaciable e infatigable búsqueda, con tales expectativas que es difícil no darse un batacazo. No busques fuera de ti, es más, no busques. No necesitas buscar, porque todo lo que necesitas ya lo tienes, está dentro de ti. Simplemente encuentra, encuéntrate a ti mismo, a ti misma, en tus valores, en tus creencias, en aquellas pequeñas acciones que te hacen sentir bien, en esos retos que te planteas para seguir creciendo y aprendiendo, en cuidar tu cuerpo y tu mente. No busques y encontrarás. Eso es felicidad, eso es plenitud. Dale la bienvenida más cálida a tu nuevo tú.